Reyes magos

Los Reyes Magos ya están en camino, por lo que nos enfrentamos a una de las semanas más especiales para los más pequeños de la casa. La ilusión con la que aguardan el día y la inocencia que les caracteriza, nos puede hacer plantearnos si seremos capaces de cubrir sus expectativas.

Como padres, tíos y abuelos, nos preguntamos si será suficiente. A veces parece como que intentamos representar el amor que les tenemos en forma de regalo. Es decir, que tenga muchos regalos, o regalos que le hagan mucha ilusión para que vea lo que les queremos, y en consecuencia nos quieran más. Esto puede resultar realmente peligroso, ya que el amor no se mide en regalos, si no en tiempo, tiempo que cada vez nos falta más. Tratamos de hacer malabares intentando llegar a todo: trabajo, casa, niños y eso puede resultar agotador. Pero tenemos que ser conscientes, que el mejor regalo que podemos hacerle a un niño, somos nosotros mismos, regalándole nuestro tiempo, tiempo de calidad, jugando, leyendo, riendo…

Cada Navidad, veo como los niños de la familia abren un regalo, tras otro. Parece que lo único que quieren es abrir y abrir para luego terminar jugando con el papel burbuja que cubre el juguete, o la caja que lo lleva. ¿Quién no ha vivido esto nunca?

El punto más importante de todo esto, es que hacer muchos regalos a los niños puede provocar en los niños distintas consecuencias.

1. Sobreestimulación: ¿Nunca habéis dicho a vuestro niñ@ eso de “ tienes tantos juguetes, que ya no sabes ni lo que tienes”. Cuando los niños reciben tantos regalos se centran en aquel que más le ha gustado y dejan los demás en un rincón, debido a que no tiene la capacidad de atender a todos los estímulos que tiene delante. No es un adulto, por lo que no puede concentrarse en cada uno de ellos, y al final termina por no prestarle atención al resto, no porque no le guste, sino porque no tiene esa capacidad atencional.

2. Inconformismo: Los niños nacen con unas necesidades básicas, las cuales no incluyen los regalos. Somos nosotros los que les creamos esas necesidades, y si luego no las cumplimos, no les satisfacemos y es cuando entra en juego la frustración y las rabietas. Ellos no entienden el valor del dinero, simplemente entienden de a lo que les acostumbramos. Por ello, no pienses que tu hij@ es egoísta si te está reclamando más cosas. Es posible que él/ella haya aprendido que eso es lo que le corresponde.

3. Pérdida de ilusión: Cuando un niño está acostumbrado a recibir un gran número de regalos, puede considerar que es obligación nuestra regalarle muchas cosas, por lo que transforma esa ilusión en exigencia por el que traerán los Reyes Magos. La ilusión es una de las emociones más bonitas de la infancia, no se la quitemos.

4. Limita la imaginación: Cada vez hay más niños que no saben jugar solos o que necesitan un aparato electrónico para poder hacerlo. ¿Dónde han quedado las historietas de indios y vaqueros, el clásico juego de papás y mamas, etc? Estos juegos nos ayudan a desarrollar la imaginación, las habilidades sociales y la solución de problemas, habilidades necesarias para enfrentarnos a la vida.

Al contrario de lo que pensamos, un exceso de juguetes, termina por aburrir al niño, ya que éste no sabe con qué jugar. ¿Te sientes identificado con la frase: “por qué no juegas con algo, si tienes de todo”?

En este punto es importante no sólo elegir un juguete que le haga ilusión al niño, sino también algo que le ayude en su desarrollo cognitivo, motor y social. Al final, es a través del juego donde los niños más aprenden.

5. Desvaloración: Cuando el niño recibe cantidad de juguetes, éstos pierden su valor. No comprenden el esfuerzo que han tenido que hacer sus padres.

 

En ocasiones, con la mejor de nuestras intenciones, llenamos a los niños de regalos y juguetes que realmente no necesitan. No se trata de no hacer regalos, sino de que tengan una cantidad oportuna de ellos. De esta manera, ellos valorarán la magia de los regalos y el sacrificio que éstos cuestan, jugarán con aquello que les regalemos y no quedarán abandonados en un rincón.

Ser buenos, los Reyes  Magos ya están cerca…

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